Doy mis primeros pasos, con tiento, por el año que comienza. Escribo las primeras líneas, observo el transcurrir de las primeras horas de estos primeros días. Y como siempre, siento el deseo de comenzar desde cero, de no recaer en las consabidas miserias cotidianas.
El nuevo año trae consigo la sensación de la casa nueva aún sin estrenar y uno alberga el deseo de hacer de ella un lugar confortable, un espacio de paz y recogimiento. Se abandona el año que termina como una casa vieja que ya huele a mobiliario ajado, a paredes corroídas por la humedad, a sábanas impregnadas de sudor.
Uno quisiera amueblar la nueva casa con más sencillez, cambiar la disposición de las cosas, deshacerse de artefactos inútiles que no hacen la vida más cómoda. En definitiva, hacer uso de la experiencia, ser más sabio y no repetir viejos errores.
Aislarla del ruido, de todo ese griterío que llega desde la calle y que me distrae de mí mismo.
Porque yo soy este tiempo y esta casa, el anfitrión que me invita a entrar y el huésped que solicita acogida, el único ser que podrá llenar este vacío.
1 comentarios:
Ojalá esos deseos se cumplan y no tengamos que postergar nuestros más importantes proyectos para más adelante. Como siempre.
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