Intento entenderme a mí mismo, intento entender el mundo y sé que hay muchas cosas que todavía se me escapan. Escribo como si estuviera rindiendo un examen, procuro responder correctamente a cada pregunta que me formulo: ¿Cómo puedo ser mejor? ¿Qué puedo hacer por este mundo? ¿Qué grano de arena puedo aportar? Esta tarea nadie puede hacerla por mí, pero ahí afuera todo avanza a una velocidad imparable. Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, el horror se extiende a lo largo y ancho de la faz del planeta, mientras yo procuro mirar hacia otro lado. No tengo la culpa, me digo para consolarme, pero sí, de alguna manera soy cómplice silencioso de la catástrofe. Se habla de crisis, pero pienso que no es más que una crisis del sistema; la bestia se desangra, anda moribunda y hay que reanimarla. ¿Y después qué va a pasar? ¿Seguiremos en nuestra carrera desquiciada hacia las fauces del abismo? Me produce escalofríos ver a tanta gente cegada, que solo mira en una dirección; como al potro desbocado les han cubierto los ojos para que no miren hacia los lados. Existen otros caminos por los que podemos transitar, seguramente más incómodos, pero que quizás nos hagan sentirnos más humanos y más orgullosos de nosotros mismos. Quizás no deberíamos tener tanto miedo a que la bestia expire sino a que vuelva a recobrar sus fuerzas.
2 comentarios:
Interesante reflexión. Me quedo con esta frase: "Existen otros caminos por los que podemos transitar, seguramente más incómodos, pero que quizás nos hagan sentirnos más humanos y más orgullosos de nosotros mismos".
Igual se trata de eso: de que el ser humano se ha perdido el respeto a sí mismo y tiene que recobrarlo.
el respeto y la fe en sí mismo.
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