Sí Julio, hay que ser imbécil, hay que ser poeta, hay que estar en la luna de Valencia para seguir amando a la Literatura y pensar que se puede extraer de uno mismo algo de valor. Pero supongo que a esto es a lo que se le llama ilusión: creer que aún somos capaces de crear belleza aunque todo alrededor se empeñe en volverse gris y abyecto. Si no, uno no se levantaría de la cama para soportar esta pesantez de lo cotidiano, este entramado que teje la costumbre y que nos impide desprendernos de la red en la que nos agitamos temblorosos, temiendo que llegue la Gran Araña para zamparnos de un bocado. En esa espera inventamos todo esto que llamamos vida y que llenamos de pequeñas consolaciones y buscamos compañía para esta extraña aventura e intentamos dejar aquí un texto que nos sobreviva y nos mejore o, ya puestos, nos justifique. Quizá esta sea la razón para seguir acostándonos con esta maravillosa puta que es la Literatura, como hiciste tú, como hicieron tantos, como hago yo ahora mientras enciendo un cigarrillo para celebrar este buen polvo.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada