sábado 17 de diciembre de 2011

EL EMPLEO DEL TIEMPO

El tiempo es la página en blanco de los días, el almanaque que llevo colgado del esqueleto. Horas que hay que llenar de caligrafía cotidiana para intentar darles un argumento. A veces paso las páginas como si perteneciesen a un libro ajeno, como si la historia que cuentan no fuera conmigo. Es otra mano la que escribe y ocurre que la historia me parece verosímil, que tiene incluso algún sentido y decido que merece la pena seguir desarrollando la trama hasta encontrarle un desenlace. Me siento tocado por una varita, no sé si mágica o trágica, que me impulsa a escribir y sé que ya no tengo escapatoria, que he de dejarme llevar por este caudal de palabras hasta su improbable desembocadura.

3 comentarios:

Juanjo Rodríguez dijo...

Como cuando éramos pequeños y la mano de tu profesora tomaba la tuya y parecía magia que tu mano escribiera aquellos garabatos que se podían leer y decían cosas como amo a mi mamá.

Antonio Lino dijo...

Qué bonita imagen Juanjo, me has emocionao joder.

Rubén Benítez dijo...

Este fragmento me recuerda los poemas en prosa de José Emilio Pacheco.
Amargo e intenso como los buenos cafés.
Me quedo con esta frase: "Horas que hay que llenar de caligrafía cotidiana para intentar darles un argumento".
El argumento de los días. Me encanta.