El tiempo es la página en blanco de los días, el almanaque que llevo colgado del esqueleto. Horas que hay que llenar de caligrafía cotidiana para intentar darles un argumento. A veces paso las páginas como si perteneciesen a un libro ajeno, como si la historia que cuentan no fuera conmigo. Es otra mano la que escribe y ocurre que la historia me parece verosímil, que tiene incluso algún sentido y decido que merece la pena seguir desarrollando la trama hasta encontrarle un desenlace. Me siento tocado por una varita, no sé si mágica o trágica, que me impulsa a escribir y sé que ya no tengo escapatoria, que he de dejarme llevar por este caudal de palabras hasta su improbable desembocadura.
3 comentarios:
Como cuando éramos pequeños y la mano de tu profesora tomaba la tuya y parecía magia que tu mano escribiera aquellos garabatos que se podían leer y decían cosas como amo a mi mamá.
Qué bonita imagen Juanjo, me has emocionao joder.
Este fragmento me recuerda los poemas en prosa de José Emilio Pacheco.
Amargo e intenso como los buenos cafés.
Me quedo con esta frase: "Horas que hay que llenar de caligrafía cotidiana para intentar darles un argumento".
El argumento de los días. Me encanta.
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